Relaciones tóxicas. Lo que necesitas saber

Los seres humanos somos por definición seres sociales. Tenemos la necesidad de interactuar constantemente con nuestro entorno. Somos sociables por naturaleza y, por lo tanto, para crecer y evolucionar como sociedad nos necesitamos los unos a los otros. Sin embargo, no todas las relaciones que establecemos nos benefician. A menudo, esa necesidad de socialización hace que nos relacionemos “de cualquier modo”, es decir, sin cuestionar qué tipo de relaciones humanas queremos construir realmente y si aquellas personas que tenemos a nuestro alrededor nos aportan algo de valor. Por ello, en algunas ocasiones, dejamos espacio a relaciones tóxicas.

¿Qué son las relaciones tóxicas?

Cuando hablamos de relaciones tóxicas, solemos pensar en relaciones de pareja. De hecho, si lo buscas en internet, la gran mayoría de enlaces que te van a aparecer van a estar relacionados exclusivamente con temas de pareja. Y si, obviamente existen y no podemos obviarlas. Pero existen relaciones tóxicas en todo tipo de relaciones humanas: en una amistad, dentro de la familia, en el trabajo…

Una relación tóxica es básicamente aquella relación en la que una de las dos partes (incluso cuando se quiere a la otra persona) le hace daño a la otra de forma frecuente debido al desarrollo de ciertas actitudes o hábitos.

 Lo peor de las relaciones tóxicas es que, muy a menudo, la persona que sufre esta dinámica no es consciente de ello y termina por normalizar esa actitud.

Las relaciones tóxicas pueden llegar a afectar nuestra salud mental, y muchas veces ni nos damos cuenta.

Características de las relaciones tóxicas

Una relación se vuelve tóxica en el momento en que una de las dos partes hace sufrir de algún modo a la otra de forma habitual. Son, en definitiva, relaciones en las que no se presenta un respeto mutuo, un apoyo o un reconocimiento hacia la otra persona.

Algunas de las características con las cuales puedes identificar si te encuentras inmerso en una relación tóxica, son las siguientes:

  • Lamentación y queja frecuente: es un tipo de toxicidad bastante común hoy en día, pero es tan sutil que a pesar de ello a menudo no nos damos cuenta de su presencia. Una persona puede llegar a ser tóxica si siempre que la vemos está constantemente lamentándose de todo y criticando a todo el mundo. A nadie le gusta tener una persona así al lado. Al final, termina por agotarte mentalmente y por arraigar en ti pensamientos negativos de tu entorno, haciéndote sentir cierto malestar siempre que compartes tu tiempo con esa persona.
  • Desatención o poco interés: También se trata de una actitud frecuente y que disimuladamente se filtra en nuestras vidas, pero no se puede pasar por alto. Aunque creas que no te hace daño o no te importe demasiado, a largo plazo va a tener cierta repercusión emocional. Esta situación se da cuando una persona delega permanentemente las decisiones en el otro, evitando así ejercer cualquier tipo de responsabilidad. Está bien tener iniciativa de vez en cuando, pero recuerda que las buenas relaciones se sostienen siempre por ambos lados, por lo que no tienes que ser tu quien lo decida absolutamente todo siempre. Si alguien delega en ti ese papel, quizá es que no le interesa tanto como a ti construir una relación de amistad, pareja, trabajo, etc. contigo. Y ojo, porque esto crea a menudo muchas inseguridades e incluso dependencias que pueden llegar a ser peligrosas.
  • Control: tiene lugar cuando una de las dos partes basa su relación en el poder y el dominio sobre el otro. O lo que es lo mismo, cuando una de las dos personas que establecen la relación adquiere una jerarquía de superioridad y control sobre la otra de forma constante (por ejemplo, aquél jefe de oficina que está permanentemente encima de sus empleados, controlando a cada minuto sus tareas y dándoles órdenes sin dejarles espacio; o esa pareja que controla los mensajes o redes sociales del otro para saber qué es lo que hace y con quién).
  • Rencor: sucede cuando una de las dos partes decide mantener la relación ante un desengaño (por ejemplo, una infidelidad o una decepción cometida por un familiar), pero no por ello se lo perdona y utiliza esa situación para el reproche continuamente.
  • Mentira: cuando una relación se basa en el engaño, ya sea para dar una imagen más atractiva de uno mismo o para evitar un conflicto no deseado… mal. No creo que se necesite decir mucho más.
  • Egoismo y egocentrismo: se trata del tipo de relación en la que una de las dos partes actúa siempre en beneficio propio o por interés. Podríamos poner por ejemplo aquella amistad que te pide favores habitualmente (y que sólo se hace presente cuando necesita algo de ti). También se da cuando cada vez que hay un encuentro entre ambas partes, una de ellas acapara la conversación (o gran parte de ella) hablando siempre de ella misma, sin dejar espacio a que la otra pueda compartir sus vivencias recientes y sin mostrar interés hacia la otra persona.
  • Poco reconocimiento del otro: tiene lugar cuando cualquier cosa que haga una de las partes se menosprecia siempre por parte de la otra. Cuando no se reconocen los esfuerzos y los logros de una persona, o simplemente se escucha un «que bien», seguido de un golpecito en la espalda y un cambio de tema. Nadie tendría que vivir con la sensación de que su voz se va apagando poco a poco y de no tener ganas de compartir nada con alguien porque siente que no le importa.
  • Sentimiento de culpa: se da cuando una de las partes se siente forzada a hacer algo que no le gusta o no le apetece hacer solo por obtener la aceptación de la otra parte porque, en caso de no hacerlo, aquella persona de la cual se quiere la aceptación se encargaría de generar un sentimiento de culpa sobre la otra. Podríamos poner por ejemplo, cuando una persona se ve obligada de algún modo a salir de fiesta un viernes por la noche aunque no le apetezca nada, para evitar reproches y por lo tanto un sentimiento de culpa posterior, repitiéndose el mismo esquema habitualmente.
  • Lástima: tiene lugar cuando una de las partes mantiene la relación únicamente para no hacer daño a la otra persona, aunque sienta que por el motivo que sea no existe una buena conexión (por ejemplo, aquella amistad de las de toda la vida con la que ya no sentimos tener nada en común, pero mantenemos igualmente por no herir a la otra persona).

 

¿Por qué las personas tienen conductas tóxicas y por qué las toleramos?

La respuesta breve es que ambas personas tienen una autoestima pobre y una inseguridad arraigada, normalmente a causa de algo vivido durante su infancia o opiniones externas de personas cercanas a nosotros y queridas, que justamente por ello mantienen cierta autoridad sobre nosotros mismos.

En cierto modo, está bastante relacionado con las creencias limitantes y los miedos que integramos en nuestro día a día y de los que ya hablamos anteriormente en el blog, por lo que no voy a alargarme más en esta parte.

Cómo construir una relación sana

Así como las relaciones tóxicas dan lugar a actitudes que hacen sufrir o crean malestar frecuente en alguna de las partes, una relación sana es aquella en la que ambas partes son capaces de relacionarse de igual a igual, desde el respeto mutuo.

¿Cómo podemos construir una relación sana, plena y que nos aporte algo de valor?

  • Escucha: No se trata simplemente de oír, sino de escuchar activamente todo lo que la otra parte intenta decirnos e intentar comprender lo que hay detrás. Saber escuchar es la base de toda buena relación.
  • Empatiza: Al final, en la vida cada uno vive sus circunstancias. Somos lo que somos en función de nuestros contextos, y por supuesto, en este sentido, cada persona es un mundo. Por este motivo es importante tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro y poder así comprender mejor su situación.
  • Sé amable: Nadie tiene derecho a juzgar a nadie. Si jugáramos a los demás por los errores cometidos, acabaríamos todos solos. Somos personas humanas y, precisamente, esta es condición indispensable de imperfección. Así que sé amable con las personas que te rodean (y no solo con los demás, ¡también contigo mismo!), no juzgues, presupongas o exijas nada gratuitamente.
  • Comunícate bien: Es tan importante lo que decimos, como la forma, el momento y el tono en el que lo decimos. La comunicación va mucho más allá de soltar una frase y quedarse tan ancho. Se comunica con el cuerpo, con la mirada, con el tono de voz, desde el espacio en el que te encuentras… tenlo siempre en cuenta y busca el momento justo y la forma adecuada de transmitir tu mensaje.
  • Respeta: Evidentemente cada persona tiene su propia forma de hacer y de pensar, de actuar y reaccionar ante una situación concreta. No siempre vas a encontrar personas que compartan tus opiniones, así que muestra respeto hacia su modo de entender la vida. Respeta a los demás tal y como son, así como quisieras que los demás te respetaran a ti.
  • Acepta: hay cosas que no se pueden cambiar y que no dependen de nosotros. Tienes que aceptar que es así.  Aprende a identificar lo que se puede cambiar y lo que no, y acéptalo tal y como viene.
  • Analiza cómo te relacionas con los demás: No pongas el foco siempre sobre los demás. También es tu responsabilidad aprender a construir relaciones sanas, así que párate a pensar en qué tipo de relaciones quieres establecer y en cómo tu mismo te relacionas con los demás.

Cómo dejar atrás una relación tóxica

Ahora es cuando me dices: “Vale, Gemma. Eso es todo muy bonito. Pero es solo la teoría. Y será por las veces que he leído teorías acerca de las características de las relaciones tóxicas y relaciones sanas. ¿Pero cómo puñetas dejo atrás una relación que he identificado como tóxica? Porqué yo no veo salida”.

Pues bien, obviamente reconozco que no es tarea fácil, pero ante todo:

  • Empodérate: cuida tu salud emocional. Es bien conocido que las relaciones tóxicas nos llenan de sentimientos de culpa, confusión, inseguridad, agotamiento… todas esas heridas requieren tiempo y cariño, y es normal sentir que avanzamos muy lento. Pero es fundamental tomar consciencia de tu realidad, saber identificar como te sientes en estos momentos respecto a esta situación, pensar en qué es lo que quieres y lo que necesitas. Solo el tomar las riendas de tu propia vida te hará sentir mejor.
  • Pide ayuda: habla con personas que consideres que te pueden ayudar. Ante todo, sé consciente de que seguramente estás rodeado de un montón de personas que te quieren y te valoran tal y como eres, así que no dudaran en darte su punto de vista acerca de esa relación que tu mismo has identificado como tóxica. Todo se ve mejor desde una perspectiva externa… así que rodéate de personas que te quieren y te muestren su apoyo durante este proceso. Si por lo que sea no te sientes cómodo/a al hablar con ellos y crees que lo necesitas, también puedes pedir ayuda a un profesional. Aprovecho para recordarte que, si este es tu caso, puedes contactarmesin ningún problema. Voy a darlo todo para poder acompañarte lo mejor que sepa.
  • Habla con esa persona: cuando sientas que es el momento adecuado y te veas con fuerzas, habla con esa persona y exponle tus sentimientos acerca de vuestra relación. En algunas ocasiones esa charla redirige la relación y corrige de alguna forma esas actitudes tóxicas. No dejes pasar la ocasión de intentarlo si de verdad te importa esa persona. Eso sí, procura hablar desde el máximo respeto y con total sinceridad, de una forma tranquila y educada. Una conversación agresiva no te facilitará las cosas.
  • Corta tu relación: si ves que no es posible cambiar la forma de actuar de la otra persona y sigue mostrando esas actitudes que te crean malestar de forma frecuente aun haber hablado con ella, la única solución es poner fin a vuestra relación. Recuerda que de nada te va a servir esperar un cambio que sabes que no va a llegar, y soportar cosas que no te apetecen ni te harán bien.

Como puedes ver, las relaciones tóxicas son algo que hay que evitar. De lo contrario, nuestra calidad de vida y nuestro bienestar emocional pueden verse afectados de forma contundente. Así que ya sabes… tómate un tiempo para ti y replantéate qué tipo de relaciones humanas estás estableciendo en estos momentos y cómo quieres que sean. ¡Cuídate!

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