Las 9 excusas más comunes para no emprender

¿Eres de los que dicen «me gustaría emprender mi propio proyecto» pero siempre termina por añadir un «peeeeero»?

Es normal que cuando empiezas a plantearte algo tan importante como emprender, tu cabeza ponga excusas de todo tipo para no hacerlo. Excusas que parecen ser de lo más racionales, pero que en el fondo son solo eso, excusas y nada más.

Si has echado un vistazo a «Mi historia» o visitado mi perfil en LinkedIn, habrás visto ya que en los últimos años de mi vida he sido más bien una peonza humana. No he parado de girar, de emprender. No siempre ha salido bien, claro. Pero tampoco tan mal como se podría esperar. Por ello me gusta remarcarlo en mi CV. Hay muchas personas que consideran mi CV un completo fracaso, pero yo no lo considero así. Siendo honesta, he aprendido y disfrutado de cada uno de mis procesos, aunque se diera el caso de no llegar donde a mi me hubiera gustado que llegara. Considero todos y cada uno de mis pasos un gran éxito, y por eso los incluyo en mi CV. Porqué la persona que soy hoy en día no sería la misma persona sin haber pasado por esas caídas, esos aprendizajes y esas mejoras que me han llevado, hoy en día, a vivir de mi proyecto de coaching personal y profesional.

Al final, todos en nuestra medida terminamos por lamentarnos por esas excusas que nos impidieron avanzar hacia nuestros sueños alguna vez. Pues oye, para esto estoy yo aquñi. Porque nunca es tarde para romper esa barrera, y te lo voy a demostrar.

Siéntate y toma tu café, porque vas a ver en un plis plas que al fin y al cabo estamos llenos de excusas que nos impiden avanzar hacia un sueño.

Voy a desmontarte una a una las excusas más comunes para no iniciar el camino del emprendimiento y hacer de tu sueño una realidad (o, por lo menos, intentarlo).

¿Empezamos?

1. Soy demasiado joven/mayor para emprender

A ver, alma de cántaro. ¿Cómo te lo digo suavemente? No hay edad para emprender.

Si tu excusa es que eres demasiado joven para ello, déjame explicarte que hay personas que emprendieron siendo incluso menores de edad. Y sí, les salió bien. Aquí tienes un ejemplo de ello, la historia de Maxi, que emprendió un negocio online con tan solo 14 años.

Si en cambio tu excusa es que eres demasiado mayor… bien, pues te diré que justo hace unos meses leí en el periódico que un hombre de 90 AÑOS (sí, has leído bien. ¡90 años!) consiguió graduarse en la universidad en Italia el verano pasado, en plena pandemia. Así que no me digas aquello de «es que ya tengo 40 años y mi vida hecha, llego tarde». Y un pepino. Nunca es demasiado tarde para nadie. Jamás. Y sino, díselo a nuestro querido Coronel Sanders, de KFC.

La única diferencia entre emprender a los 14 o a los 62, va a ser solo una. Tu forma de hacerlo. Por lo general, los jóvenes tienen más entusiasmo y energía, mientras que los adultos gozan de más experiencia y probablemente de más contactos. Todo tiene sus pros y sus contras. Pero en todo caso, nunca seremos demasiado jóvenes ni demasiado mayores para emprender.

Al final, todo es tener la voluntad de hacerlo. Punto.

2. No tengo dinero

Si algo caracteriza a los emprendedores, es el arte de hacer más con menos. Si ya de entrada te falta esta capacidad, directamente ni lo intentes. No tienes espíritu emprendedor.

Los emprendedores nos las ingeniamos todas y hacemos malabarismos para poder llegar a todo, sin un duro. Si no cuentas con suficiente dinero para iniciar tu negocio, simplemente, cambia el planteamiento. Baja un escalón tus expectativas. Ya vendrá el momento de subir el siguiente. No siempre es posible controlar lo que se tiene, pero si puedes tomar tus decisiones en función de aquello con lo que cuentas.

Si tuviéramos mucho dinero, de hecho, creo sinceramente que en lugar de emprender nos dedicaríamos a invertir. Menor riesgo y más beneficio.

Así que mentalízate. La mayor parte de los emprendedores ha empezado sin un duro (si, esa famosa imagen de los garajes americanos y sus start up).

Lo más sensato es empezar con lo justo y probar. Probar para mejorar y crecer. Con poco, pero empieza.

3. No tengo los conocimientos suficientes

Nadie nace enseñado, y ningún emprendedor sabía lo que necesitaba saber para su proyecto. Por ponerte un ejemplo cercano… yo misma. No es que no supiera de coaching (porqué obviamente me he tenido que formar, y sigo haciéndolo), es que no tenía ni idea de muchas otras cosas: diseñar una página web, cómo hacer una campaña de email marketing, cómo programar los sistemas de pago, que si SEO, que si aquello otro… Vamos, que no es que naciera con el don de saberlo todo. Digo yo, que tuve que aprender (y sigo haciéndolo cada día, ojo). Y para ello solo hace falta una cosa: ganas (¡oh! Sorpresa).

Siendo sinceros… puedes estar preparándote toda una vida en la escuela, la universidad, academias privadas… y no saber nada de la vida práctica y mucho menos del mundo digital y los negocios.

Evidentemente vas a tener que invertir cierto tiempo (y quizá algo de dinero) a aprender lo que a ti te sea necesario para iniciar tu camino. No se puede emprender de un día para otro solo por haber tenido una idea genial. Pero eso no quiere decir que no puedas hacerlo, porque todo el mundo es capaz de aprender. Lo que sea. Repito, lo que sea. Sí. Es solo cuestión de voluntad (bueno, y de organización. Saber priorizar tareas también es fundamental).

Bueno, que eso. Que ni se te ocurra usar esta excusa. Puedes echarle horas con tutoriales de youtube, leer libros de la biblioteca, contactar con otros profesionales de tu sector y buscar colaboraciones y mentorings… pero en todo caso, se puede APRENDER. Y de eso se trata al final. De crecer. Así que muévete. Busca lo que necesites. Pero no digas que «no tienes los conocimientos suficientes para emprender», porqué es mentira. Quizá no los tienes ahora, en este preciso instante, pero puedes desarrollarlos.

4. No sé por dónde empezar

Pues oye, espabila. La caminata va a ser larga, pero con el primer paso se empieza. Y si de verdad no sabes qué hacer, pide ayuda. Existen un montón de hubs y apoyos al emprendimiento en muchas ciudades de nuestro país. Habla con ellos y que te asesoren (¡a mi me fue genial el apoyo y la orientación de Barcelona Activa en mi primer emprendimiento!).

No olvides, por cierto, que si te apetece puedes escribirme para comentarme tu proyecto o tu sueño, porque a parte de coaching personal también realizo coaching para emprendedores. Yo también te puedo acompañar en este arduo camino si crees que lo necesitas, y es más, ¡estaré encantada de hacerlo! Al final, yo también he pasado por eso…

Es normal estar lleno de temores, pero… ¿crees que hay algún emprendedor en el mundo que no haya sentido el miedo en sus carnes o miles de inseguridades al emprender? Pues claro. La diferencia es que no se han dejado vencer por esas emociones y han dado un paso al frente.

5. No es el momento

Sí, ya. Ya me he dado cuenta. Hemos vivido una crisis económica de lo más brutal y ahora estamos en plena pandemia mundial. Hemos hecho Bingo, con todas sus letras. Pero te diré una cosa… si no es que realmente quieres lanzarte a la piscina, nunca será el momento adecuado. Y es que no existe el momento adecuado si lo que existen son solo excusas, como esta.

Las crisis son oportunidades. ¿No te lo habían dicho nunca? Pues te lo digo yo. Son las empresas que ya están en funcionamiento las que sufren más el golpe, en realidad. Tu empiezas de cero. Y, si empiezas hoy mismo, puedes diseñar tu proyecto en función de la realidad actual. Así, como lo lees. Es una ventaja tremenda, ¿verdad? Pues ala, ponte a ello.

6. No tengo tiempo

Parece que ninguno tiene tiempo para hacer cosas nuevas… mira tu por donde qué casualidad. Pero… todos tenemos el mismo tiempo disponible, ¿no es cierto? El problema, entonces, no es no tener tiempo sino como lo ocupas.

Todo es cuestión de prioridades en esta vida. El día tiene 24h horas. Quien de verdad quiere hacer algo encuentra el tiempo para hacerlo. Lo demás son solo excusas baratas (y no hablo solo de emprender eh… también vale, entre muchos otros ejemplos, para cuando querríamos hacer deporte pero «no tenemos tiempo»).

Siempre hay actividades que podemos reducir para hacer otras cosas. No te digo yo que duermas menos, porque el dormir es sagrado. Pero si, por ejemplo, las horas que pasas delante la TV o en las redes sociales… ¡y no miro a nadie!

Durante los fines de semana, las vacaciones, incluso entre semana, se me hace muy difícil pensar que no seas capaz de encontrar almenos una o dos horas para dedicarte a ti mismo y al proyecto personal que quieras emprender.

7. Emprender ocupa demasiado tiempo y tengo otras prioridades (como la familia)

No quieres emprender porque no quieres ser como esas personas que se pasan el día trabajando y no tienen tiempo para los suyos. Lo entiendo, lo comparto y lo defiendo. Pero puedes emprender perfectamente sin que ello suponga el renunciar a tener una vida familiar plena.


Es cierto que al principio seguramente tendrás que dedicarle más horas. Es normal… cuando empiezas todo te parece difícil. Pero con el tiempo las tareas que tardabas 3 horas en hacer las vas a realizar en 1 hora y media. Créeme, te lo digo por experiencia. Al final, terminas por automatizarlo todo (o incluso, ti te va muy muy bien, ¡a delegar en otros!).

Y oye, pues si no, siempre estas a tiempo de cerrar la persiana y a otra cosa mariposa. ¿Quién dijo que no se puede? Ya ves tu que problema.

8. Tengo miedo de fracasar

Si yo te contara…

Fracasar te puede hacer sentir mal. Es evidente, a nadie le gusta que las cosas vayan mal. Pero generalmente esa sensación se da más bien por el miedo al qué dirán los demás si fallas. «Ya te lo dije», «perdiste el tiempo», bla bla bla. Si, ya, bueno. Pero almenos tu lo intentaste.

No debería importarte mucho porqué, al fin y al cabo, los mismos que te señalan como a un fracasado son los mismos que no se atreverían a hacer ni la mitad de la mitad de lo que tu has hecho.

Eso si, también son los mismos que si te sale bien… dirán que te habían apoyado desde el primer momento y sabían perfectamente que lo ibas a lograr.

Así que… que te importe bien poco, porque ya ves que todo es relativo. No es tanto lo que piensen los demás, sino la actitud con la que puedas afrontar las cosas tu mismo.

Además, un fracaso no se puede nunca considerar como tal, porqué siempre sacas algo bueno de ello.

9. Hay demasiada competencia

Igual tienes esa sensación de «el mercado donde a mi me gustaría trabajar está a petar. Llego tarde, ya está todo hecho». Es una de las excusas más baratas… perdón por decirlo así, sin más.

Vale, sí. Pero si tienes competencia… quiere decir que hay mercado, ¿verdad? Eso es buena señal, ¿no? ¡Pues aprovéchalo!

La competencia al final es buena. Y no solo porque sabes que tu producto o tu negocio va a interesar a mucha gente sin tener que hacer experimentos raros previos, sino porque al final todo se resume en un «observa y mejora».

A ver, ¿cuántas veces has ido a una tienda, un supermercado, un restaurante… y has pensado «eso falla, yo lo haría así»? Pues allí lo tienes. De eso se trata. De mejorar lo que ya existe.

No hace falta ser un Steve Jobs y revolucionar el mercado constantemente con algo nuevo. De lo que existe, también se puede vivir. Y si tienes competencia, ¿qué? ¡Pues úsala para mejorar tu producto o tu servicio!

A lo largo de la vida fracasarás, te caerás, meterás la pata… ¿y qué? Ya aprenderás. Que no te suponga una excusa el hecho de no intentarlo solo porque el mercado está lleno de gente vendiendo lo mismo. Busca tu diferencia. Simplemente eso.

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Ahora es el momento de dar el primer paso ¿Con ganas de empezar?

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