Decisiones complicadas. Cómo tomarlas

La vida está hecha de decisiones, de momentos en los cuales uno juega sus cartas y elige su propio camino.

Tomamos decisiones constantemente. Cada día de nuestras vidas.

Algunas de ellas las tomamos incluso hasta sin darnos cuenta. Abrimos la nevera y nos preguntamos: «¿y ahora, qué postre tomo? Este mismo, va». Y sin darnos cuenta ya hemos tomado una decisión.

Pero a veces en la vida se te plantean dilemas más complejos, opciones más espinosas que un simple postre. Opciones que hacen que nos sintamos bloqueados y nos generan cierta ansiedad.

Es como cuando nos encontramos delante de las narices un enredo de hilos de lana. Muchas veces uno se desespera, ¿verdad? Pero al final, le pones paciencia al asunto… observas, piensas, desenredas despacito y… reconstruyes (o construyes algo nuevo).

Lo mismo pasa con la vida. Solo que nos angustiamos bastante más que con un hilo de lana o un par de cables entrelazados, y nos olvidamos de lo que viene después: respirar, observar y valorar, construir…

Por eso hoy me gustaría hablar de ello. De estas decisiones complicadas que a veces nos presenta la vida: ¿cómo podemos tomar una decisión que consideramos muy importante para nosotros? ¿qué es lo que nos impide pensar con claridad? ¿cómo sabemos que tomamos la decisión correcta?

Hoy voy a intentar clarificar esas dudas. Y aunque no es tarea fácil… ¡Espero que os sirva de ayuda!

¿Qué es la toma de decisiones?

Cada día estamos ante situaciones en las que debemos optar por algo, y esa situación no siempre resulta ser simple. De hecho, se trata de uno de los procesos más difíciles a los que se enfrenta el ser humano, especialmente cuando entran en juego emociones, miedoscreencias limitantes

La toma de decisiones es un proceso que atraviesan las personas cuando buscan resolver conflictos que se presentan en su día a día. Es decir, cuando deben elegir entre distintas opciones entre las que hay que encontrar la mejor solución posible.

No todas las personas responden de la misma forma a una situación problemática, debido a diversos factores: su personalidad, su grado de madurez, la etapa de la vida en la que se encuentre…

Tipos de decisiones

El proceso de toma de decisiones puede ser:

  • Racional: Tiene lugar cuando se analizan las posibles alternativas utilizando mayoritariamente el pensamiento racional, es decir, en base a hechos comprobables.
  • Intuitivo: Se da cuando una persona toma en cuenta la espontaneidad y su propia experiencia para elegir específicamente una de las opciones que se presentan en su camino, en lugar de otras.
  • Personal: Se clasifica de esta forma cuando alguien toma una decisión dentro de su ámbito privado.
  • De rutina: Sucede cuando una persona o un grupo de personas realizan de forma casi automática una acción ante una misma situación periódica, sin realizar un análisis en profundidad y descartando otras opciones que puedan ser también válidas, tan solo por costumbre
  • De grupo: Tiene lugar cuando se realiza en conjunto y, por lo tanto, lo que prevale es el consenso, tomando la alternativa que genera más afección.
  • Individual: Se da cuando una persona toma una decisión de manera autónoma, dentro de un contexto global (como una empresa).
  • Organizacional: Se denomina así cuando el proceso lo realizan varias personas que forman parte de una misma organización, para tomar una decisión que repercuta en el futuro de la institución.
  • De emergencia: Se realiza cuando se hace frente a una situación excepcional, y puede tomarla tanto una persona a título individual como un grupo de personas involucradas en la misma situación.

¿Qué dificulta tomar una decisión?

En ocasiones pueden existir ciertas barreras mentales o dificultades para la toma de decisiones. La lista podría ser larga, así que voy a nombraros las que personalmente considero más comunes:

  • Baja autoestima y mala gestión de las emociones: El modo en el que nos vemos a nosotros mismos es fundamental para proyectarnos como personas válidas y competentes a la hora de tomar decisiones. Además, la capacidad de gestionar tus emociones de forma adecuada es una habilidad que te va a permitir valorar de un modo más sincero y fluido las diferentes alternativas y las consecuencias de tu elección. Si por lo tanto no se dispone de una autoestima sana y una cierta fortaleza en la gestión de las emociones, siempre se hará más complicado tomar cualquier tipo de decisión.
  • Miedo: A menudo aparece en nosotros el temor a equivocarse, el miedo al rechazo o al cuestionamiento de tu entorno. Son incontables las veces que nuestras decisiones dependen en cierto modo de nuestros miedos (y seguramente no somos lo suficientemente consciente de ello).
  • Generalización: Tiene lugar cuando la sombra de otras experiencias anteriores hace que se presuponga erróneamente, anticipando precipitadamente una decisión. Por ejemplo, cuando sabes de alguien que se ha visto involucrado en la misma situación y aquello que ha decidió le ha proporcionado un resultado deseable. Lo más probable es terminar generalizando los hechos y tomando la misma decisión por creer que se obtendrá el mismo resultado.
  • Autoridad externa: Ocurre cuando se sigue ciegamente lo que plantean personas cercanas a ti y por las cuales sientes mucho aprecio, sin tener en cuenta los propios deseos.
  • Disonancia cognitiva: Tiene lugar cuando se presenta una incoherencia entre nuestras creencias y nuestra conducta. Es decir, cuando se piensa de un modo pero se termina actuando de otro, por el motivo que sea (no herir a alguien, obtener la aceptación en un grupo social, etc.).
  • Rutina: Cuando alguien esta tan inmerso en sus rutinas y costumbres diarias, es fácil que se cometan siempre los mismos errores, ya que a menudo se sigue manteniendo la misma posición sobre un tema, rechazando nuevas formas de hacer y de pensar.

Proceso de toma de decisiones

A la hora de enfrentar una situación complicada es importante que tengamos en cuenta los siguientes pasos:

  • Definir el problema: Se trata de pararte a observar y a analizar detenidamente la situación a la que haces frente.
  • Identificar las alternativas: Una vez tengas claro en qué situación te encuentras, empieza a pensar en todas las alternativas y opciones de las que dispones. Si te sirve de algo, toma una hija de papel en blanco y realiza un ejercicio tan simple como una lluvia de ideas.
  • Prever los resultados: Para cada una de las opciones que se hayan escrito en la lista, habría que reflexionar sobre las consecuencias que podrían tener y los posibles resultados de cada alternativa.
  • Elegir una opción: Cuando se haya puesto todo sobre la balanza, llegará el momento de decidir por donde tirar, qué camino tomar.
  • Evaluación: Hay personas que finalizan su proceso de toma de decisiones una vez han elegido una opción. Sin embargo, otras personas optan por seguir dándole vueltas al asunto y se paran a analizar las ventajas y las desventajas de la decisión tomada al cabo de un tiempo. Puedes pensar que es inútil reflexionar sobre ello una vez ya te has decidido por una opción y que no te aporta nada, pero la verdad es que este proceso te va a aportar siempre un aprendizaje que te ayudará a tomar futuras decisiones con más seguridad.

¿Cómo puedo tomar una decisión difícil?

Las decisiones difíciles son aquellas decisiones que tienen el poder de cambiar el rumbo de nuestra vida. Aquellas decisiones que de repente tenemos que tomar con un nudo en la garganta. Decisiones que consideramos vitales. Son decisiones que invaden nuestras vidas de vez en cuando y en las que nos rompemos la cabeza a menudo para intentar encontrar la mejor salida posible.

Decisiones como, por ejemplo, qué es lo que vamos a estudiar (o si lo vamos a hacer, de hecho, en lugar de empezar a trabajar desde muy jóvenes), con quién queremos compartir nuestras vidas si es que queremos compartirla con alguien, si queremos tener hijos o por el contrario preferimos no hacerlo, etc.

En todo caso, me gustaría dejar claro que en un proceso de toma de decisiones no hay una opción que sea mejor que otra. Cada una de nuestras opciones va a tener ventajas y desventajas.

Por ejemplo, cuando una persona tiene la oportunidad de decidir entre quedarse a vivir y trabajar en el lugar en el que se ha criado o, por el contrario, vivir la experiencia de hacerlo en el extranjero. Ambas opciones son totalmente válidas. Ambas tendrán aspectos que nos parecerán positivos y cosas que no lo serán tanto. Eso no quiere decir que una de las opciones sea más acertada que otra.

Lo que hace que una decisión sea acertada o no, no es que una de las opciones sea más correcta que la otra, sino el hecho de tener claras nuestras prioridades desde el momento vital en el que nos encontramos.

Para ello, tienes que tener muy claros los valores en los que sustentas tu vida.Aquellos valores que para ti son imprescindibles en el mundo. Por lo tanto, ante todo, deberás preguntarte: ¿qué es lo que da sentido a tu vida? ¿con qué pensamientos o sentimientos te sientes identificado? ¿qué es aquello que te hace sentir bien contigo mismo y con tu entorno?

Para ello hay un método infalible. Prestarte atención. Sentarte contigo mismo y conocerte mejor. Rodearte de silencio y reflexionar. Parece una tontería, pero es muy real. Permítete un tiempo para ti mismo y cuestiónate como te sientes y qué es lo que quieres en la vida.

De todas formas, un consejo…  

La mayoría de las malas decisiones que tomamos en nuestra vida se deben a dos causas: el miedo inmediato (nos da miedo hacer algo por las consecuencias que tendrá en este preciso instante o a corto plazo), o bien no somos capaces de ver más allá de unos pocos días o meses.

Para ello hay un ejercicio que yo considero muy útil. Un ejercicio que te ayuda a tomar perspectiva, a vivir tu situación desde otro enfoque. Se llama «La regla del 10«. Para realizarlo, solamente tienes que responder esas 3 preguntas:

  • ¿Cuáles son las consecuencias de mi decisión en 10 minutos?
  • ¿En 10 meses?
  • ¿Y en 10 años?

Con la regla del 10 nos obligamos a pensar a medio y largo plazo. Quizá la decisión nos dé miedo por las consecuencias que tendrá al momento o a corto plazo, pero será muy beneficiosa dentro de 10 meses, o de 10 años, y por lo tanto quizá merecerá la pena tomarla.

No se pierde nada por realizar ese pequeño ejercicio, aunque al final lo más sensato es dejarse guiar por lo que uno siente… por tus valores y tus prioridades.

A menudo es simplemente algo que tiene que ver con tu parte más emocional, y no tanto con la parte racional, con tu forma de sentir y de vivir. O lo que es lo mismo… decidir desde el corazón, y no tanto desde la cabeza.

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